viaje tembloroso al epicentro de uno mismo y al terremoto de un otro.
Desde que empecé a tomar un poco más de confianza en mí (un poco) me animé a jugar con mis relaciones (siempre con respeto, obvio) amistosas, amorosas, y de mí mismo, entre mente y corazón.
Inter e intrapersonales.
Y en ese viaje, caí en la cuenta, de que aun dando lo mejor de mí, teniendo responsabilidad afectiva, buenas intenciones, comprensión y respeto, no fue suficiente.
A lo que voy. Seguiré intentando el lado bueno, el genuino e inocente, el que hace las cosas por el impulso del sentimiento puro. Del amor. Pero sé que el camino va a golpearme. Y voy a terminar lastimado.
Es una sensación que puedo permitirme. De eso se trata este juego. No creo arrepentirme a mitad de recorrido.
En contracara, en algunas relaciones jugué con el desprecio y la ignorancia.
Te estoy dando poca importancia y te lo estoy haciendo sentir.
Eso te exaspera y te hace desear tenerme más y más intenso. No tenerme definitivamente, capaz solo hacerme saber que estás ahí, rodeándome. Alimento del ego.
Pero en el fondo me hace sentir un pedazo de mierda. Así que con esta solo jugué muy pocas veces.
Al final, siempre termino sacando las mismas conclusiones inconclusas. No se puede comprender al otro, no se puede esperar nada del otro, no se puede saber cómo va a reaccionar el otro. Y por eso siempre uno termina decepcionado.
Que desgaste sentir que das el 100 etéreo y que te den la espalda
Que desgaste sentir que das el 100 y que te den
nada
Comentarios
Publicar un comentario