belcebú.

 Empieza la vigilia con los primeros mosquitos de verano, la humedad densa y latente. Estaba llegando. 

Se puede respirar aún tres veces más profundo, comparado a un día de junio.

Definitivamente, no se si es percepción individual, pero la unidad de medida temporal se altera cuando el sol quema más fuerte la piel.

Empieza una felicidad extrema, los poros explotan de serotonina, y poco a poco despertamos del eterno letargo que nos hereda el invierno. 

Es loco, si lo pienso, cada vez que escribo (fantasía) todos los escenarios que imagino son fríos, neblinosos y sombríos.

Aunque hablando de mi, yo, por yo, como yo, alabo el verano. 

Y sonrío cuando de noche, tengo la iniciativa genuina de querer seguir viviendo. Me gusta materializarlo con la cara de Dionisio (no se cual es el rostro real de el en verdad, pero cada uno sabe como imaginarlo) 

Salir de fiesta, usar poca ropa, bailar junto a una caterva de seres extraños, estar bajo el agua.

Sumergirme, estar bajo el agua.

Abismar, hundir, entregarle el cuerpo al agua.

Y sentirse a gusto viviendo.

Belcebú no es tan bienvenido, pero yo al señor verano lo amo.


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