brando.


Brando.

A Brando lo encuentro ácido y enigmático.

Vive en el entrepiso de un edificio viejo con un aire europeo y un color precámbrico. 

Está solo (con sus auriculares y la música) 

Los domingos se levanta de la cama después de leer al menos tres páginas de su libro de arte preferido, se pone la boina para no tener que peinarse y busca un vaso de chapa, le agrega tres hielos y se sirve el té.

Va hasta la ventana con la infusión en la mano derecha y un armado en la izquierda. Siempre se queda admirando como la vecina de enfrente cuida sus plantas. Pareciera que les habla, que las quiere, que las flores la escuchan.

Siempre la observa con mirada abstraída. Ya le conoce toda la rutina, es como si la ventana fuese su televisión y la vida de su vecina su programa favorito. (a mí me parece que no es de psicópata)

Siempre se divierte en la cocina, tiene un par de libros y el típico cuadernito escrito a mano con recetas fuera de lo común. 

Disfruta sentir las texturas bailando en su paladar, y por ahí es el único momento donde se le escapa una que otra sonrisa.

A la siesta se pasa protector por todo el cuerpo esquelético, le encanta sentir su piel húmeda y masajear sus clavículas sobresalidas, pasar los dedos por sus costillas cual cuerdas de guitarra, seguir por el cuello y relajar la mandíbula.

Medio que se acuesta en el sillón bordo de terciopelo lleno de polvo que está justo donde entra el único rayo de sol en todo el departamento, y descansa un rato de sus pensamientos grises, tóxicos y ahogadores. 

siempre con sus auriculares puestos

Cada día se imagina una nueva persona utópica con quien pasar el tiempo y hacer planes fantásticos.

El vecino llega a eso de las siete pm, Brando lo sabe porque su perro solo ladra cuando el dueño vuelve del trabajo. Y como el silencio lo incomoda, Brando a esa hora siempre se despierta.

Vacía el cenicero repleto de colillas y se mete al baño desnudo. Mientras la ducha se calienta, se mira al espejo y charla con su reflejo. 

Apaga la luz y prende una vela.

Te apuesto a que si tuviera auriculares a prueba de agua los usaría en la ducha también.

Puede estar hoooras con los ojos cerrados abajo del agua caliente que le hace picar la espalda. Cuando se hace vapor, respira hondo tres veces y se termina secando con una toalla de mano porque siempre se olvida de colgar el toallón cerca.

Se pone un bóxer y un sweater arriba de la piel. Se vuelve a ver en el espejo tocándose las ojeras. Como si su reflejo lo hiciera sentir vivo. 

Siempre por la noche se toma una copa de tinto barato y come una lata de atún con cuchara de madera.

Brando es re murciélago, a la madrugada prepara su taller improvisado y empieza a esculpir con las estecas y devastadores.

Las manos se le llenan de ampollas (pero con música todo le duele menos)

No para hasta terminar la escultura. 

Cuando ya deja secar la arcilla, se arma otro cigarro y con un trapo va a limpiar la ventana empañada para ver a su vecina una última vez.

Esa noche dejó el pucho a la mitad, los ojos los tenía brillantes.  Tenía un nudo en la garganta. Tragó saliva, suspiro mientras un par de gotas le caían de los ojos y paso el cable de sus auriculares por su cuello presionando muy fuerte hasta dejarlo inconsciente.

Esa noche Brando fue al lugar utópico y encontró con quien pasar el tiempo y hacer planes fantásticos.

Muerte solitaria (pero con los auriculares puestos)

art by brunna mancuso.













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